Los temblores, pero también el arte, el fervor y un inagotable esfuerzo están envueltos en la historia de la devoción al Señor de los Milagros. Una imagen que salió en procesión por primera vez en 1687. Un culto fascinante, como la vida de quienes lo han cuidado, con entrega insoslayable, con la dirección de las Madres Nazarenas Carmelitas Descalzas, por más de tres siglos.