Su hijo leyó La ciudad y los perros a los 15 años. Por imposición paterna, pero lo hizo, luego de Los cachorros. Así conoció al escritor Mario Vargas Llosa, aquel señor que veía llegar a su casa cada cierto tiempo, porque su madre fue asistente de él por unos 16, 17 años.
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—Creció con la presencia muy cercana de Mario. Y después que leyó La ciudad y los perros me dijo que le gustó mucho —me dice su padre, Carlos Granés, psicólogo, antropólogo, ensayista y editor de la obra periodística de Vargas Llosa, de los que ya publicó tres libros y alista los dos últimos tomos.
A los 15 años también leyó por primera vez a Vargas Llosa. Por imposición escolar le tocó leer La ciudad y los perros. Más tarde, la tesis doctoral de Granés fue sobre Mario y su obra, documento que convirtió en un libro en clave de ensayo: La revancha de la imaginación.
El autor de Delirio americano semanas atrás fue parte del X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) en Arequipa. Y por estos días es una de las voces convocadas en el Hay Festival de la Ciudad Blanca.
En el CILE en Arequipa tu discurso de homenaje a Vargas Llosa lo enfocaste desde el giro político del escritor. ¿Por alguna razón particular?
Por dos razones. Estoy editando su obra periodística; entonces, he estado pensando mucho sobre el pensamiento político de Mario. Y segundo, porque suele haber una confusión en torno a Vargas Llosa. Es verdad que él pasó de posiciones de izquierda a posiciones liberales o de derecha, pero lo que mantiene un hilo conductor a todo lo largo de su trayectoria política ha sido la defensa de la libertad del escritor para crear y criticar al poder. Eso lo vinculó a la izquierda cuando el poder opresivo venía de las dictaduras y lo hizo bascular hacia ideas más liberales cuando se dio cuenta de que el mismo autoritarismo se presentaba en la revolución castrista.
¿Al leer al Mario en su obra periodística qué encuentras que quizás no vemos en la superficie?
Ya he hecho recopilaciones de sus artículos en tres volúmenes (El fuego de la imaginación, El país de las mil caras y El reverso de la utopía). Desde muy temprano él reacciona airadamente, con mucha vehemencia, mucha certeza, frente al poder que está oprimiendo al escritor. Él está defendiendo al escritor, está defendiendo su oficio. Todavía ni siquiera tiene ideas muy claras de lo que es el socialismo o el liberalismo. Criticó a Odría, a Castro, a Videla, a Pinochet.
¿No crees que en los últimos años perdió la brújula?
Digamos que la realidad lo arrinconó. Mira las disyuntivas que ponía la política peruana a cualquier votante: Keiko o Pedro Castillo, Keiko o Humala, Ollanta o Alan. Eran opciones atroces, no eran fáciles. Y Mario, y en esto es discípulo de Sartre, tiene la necesidad de participar activamente comprometiéndose y mojándose.
Después de perder las elecciones en el 90, ¿por qué se comprometía y se mojaba?
Sartre decía que siempre entre dos opciones había que elegir, porque siempre una era menos mala que la otra. No podías ponerte en la posición confortable de decir “no, esta vez paso”. Vargas Llosa, creo yo, prefería equivocarse antes que traicionarse a sí mismo. Y para él, elegir era de lo poco que puede hacer el ser humano; y mientras tome decisiones, es dueño de su destino, es un individuo y es libre. Entonces, incluso en las disyuntivas más atroces, con la enorme posibilidad de desprestigiarse y perder popularidad, elegía. Lo que decía Javier Cercas: siempre que se equivocó, se equivocó contra él mismo.
En el ‘Diccionario Mario Vargas Llosa’ te asignaron la palabra “yo”. ¿Qué decir de ella?
Es fundamental. En lo primero que pensé fue en Los cachorros, precisamente porque es una excepción: es la única novela que está narrada desde el nosotros. Es una novela sobre la adolescencia, que es un periodo de indefinición, en donde la individualidad no está del todo desarrollada. Y si Mario defendió algo fue, justamente, eso: la individualidad, el yo del escritor. Mario siempre dijo que él escribía a partir de ciertas obsesiones; una de ellas es el autoritarismo, porque era algo que lo atormentaba.
Hoy el “yo” está en el ojo de la tormenta global. Unos dicen que el individuo está en riesgo otra vez y otros dicen que, más bien, en nombre del individuo hay una violencia del lenguaje y el poder, y lo vemos en personajes como Trump.
Es verdad. El individuo está muy amenazado por el regreso de los nacionalismos, está regresando un tradicionalismo reaccionario que pone por encima de la individualidad la tradición. Los personajes que están llegando a las presidencias son narcisos, se creen reyezuelos. Un egocéntrico que se cree rey y que tiene poder es peligroso. Y Mario mostró con mucha claridad cómo un individuo, obsesionado con ideas mesiánicas, con visiones de la sociedad perfecta, podía conducir a los demás a la inmolación, esa es La guerra del fin del mundo. El individuo cuando se ve preso de los delirios, es capaz de arrastrar a toda una colectividad a su inmolación, a las barbaries, a la guerra...
¿Qué hacemos ante eso, Carlos?
Hay que luchar por la individualidad. Cuando nos creemos salvadores y redentores, podemos creernos los únicos dignos de la individualidad y convertir a los otros en rebaño. Hay que ser individuos respetando la individualidad de los demás. Eso se resume en ser plural.
¿Qué tan gran ensayista fue Mario?
Entró a la Academia Francesa porque les explicó a los franceses Madame Bovary. Les explicó a los franceses qué había hecho Gustave Flaubert en Madame Bovary. Un ensayista universal.
Autoficha:
-“Soy Carlos Granés Maya. Tengo 50 años. Nací en Bogotá, Colombia. Estudié Arquitectura unos meses, en los que descubrí que servía para cualquier cosa, menos para la arquitectura. Me pasé a Psicología y me gradué de psicólogo. Entré a trabajar como profesor”.
-“Luego me fui a España a estudiar el doctorado en Antropología. He publicado siete libros. El más reciente es El rugido de nuestro tiempo, y acaba de salir en Perú; es sobre el nuevo mesianismo latinoamericano, analizo a Petro, AMLO, Boric, Milei y Bukele”.
-“El cuarto volumen de la obra periodística de Mario es sobre los desafíos a la sociedad abierta, lo que amenaza las libertades: amarillismo, fin de la privacidad. Y el quinto intentaré que sea una suerte de autobiografía intelectual: los artículos que escribió sobre los pensadores que más lo influyeron”.
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