Flor de María, de padres separados, me dice que quiso ser diseñadora gráfica, pero recuerda que no acabó el colegio, que llegó a cuarto secundaria, cuando nació su primer hijo, Dylan. Pero sentencia que nunca es tarde. Con 30 años, ya publicó un primer libro, ya creó otro cuento y encuentra en su historia personal una fuente para seguir escribiendo.