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ESCRITOR COLOMBIANO

Juan Gabriel Vásquez: “Lo que mueve el mundo es el poder de las emociones”

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez es parte del Hay Festival en Arequipa. Perú21 lo entrevistó.

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Juan Gabriel Vásquez.
El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez es parte del Hay Festival en Arequipa. (Foto: Sam Hardwick).
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El reconocido escritor colombiano camina hoy por Arequipa. Es uno de los invitados principales de la undécima edición del Hay Festival que rinde homenaje este año, cómo no, a Mario Vargas Llosa.

Vásquez no pasa desapercibido por la Ciudad Blanca llena de participantes con actitud de estudiantes universitarios de literatura, que admiran su trabajo. Le robo unos minutos para este perfil, contesta con total amabilidad a mi atrevimiento. Lo he visto en el avión leyendo Conversación en La Catedral. ¿Es primera vez que lo lees?, le pregunto. “No, lo leí por primera vez a los 20 años. Me cambió la vida y apuntaló mi vocación. Lo volví a leer entero diez años después y ahora lo leo por tercera vez, pero ciertos episodios como el comienzo o episodios de Cayo Mierda son parte de mi educación sentimental”. Me llama la atención que lee con un lápiz en la mano y subraya algunas frases. Lees como estudiando, curioseo: “Yo no sé leer si no es con un lápiz en la mano, como primera medida, desentrañándolo. Es una especie de pérdida. A mí me gustaría volver al ‘lector inocente’, que solo leía para devorar la historia, pero uno se da cuenta de que es escritor cuando comienza a leer para desentrañar los secretos técnicos de un libro”, revela.

 

 

Juan Gabriel Vásquez dijo en una entrevista, alguna vez, que es escritor incluso antes de ser. Contaba así, que la primera vez que publicaron un escrito suyo tenía ocho años. Le hablo de genialidad, pero dice que se trata, más bien, de una vocación clara: “Soy infeliz cuando no estoy leyendo, cuando no estoy escribiendo y eso se tradujo muy pronto en cuentos que escribía desde mi conciencia infantil. Desde una conciencia pura. Más que la trascendencia de esa publicación escolar, ese documento me ha permitido a mí trazar la longevidad de mi vocación”, dice con una voz grave y tranquila.

Lograr que la vocación sea tu profesión, esa es la idea.

Yo no entiendo mi mundo, no entiendo mi conciencia sin pasar por los libros que he leído y los que intento escribir. Cuánto tiempo ha vivido conmigo la idea de que la literatura no es para mí una profesión, ni un entretenimiento, ni un pasatiempo mucho menos, sino una manera de estar en el mundo que viene conmigo.  

Descubriste tu vocación desde muy chico.

Es la aceptación de que es tu única manera de estar correctamente en el mundo, de sentirte más o menos satisfecho. Yo siempre he creído que uno escribe a partir de la insatisfacción. Nadie escribe ficción si se siente tranquilo y satisfecho con el mundo. Escribimos a partir de la sensación de carencia, de que el mundo está mal hecho, de que no nos satisface. Cuando uno entiende eso, la literatura se convierte en la única manera de estar y eso es lo que me ha pasado a mí.

Vienes de una familia de abogados, ¿cómo marca eso tu carrera de escritor?

Bueno, es una familia de abogados humanistas. Eso quiere decir que yo crecí rodeado de libros, con una idea de que los escritores eran gente que tenían cosas que decir y que valía la pena escuchar. Pero yo empecé a estudiar Derecho con la convicción de que sería mi manera de ganarme la vida. La literatura era una cosa de tiempos libres, pero fue durante esos estudios cuando entendí, gracias a la obra de ciertos escritores que yo admiraba, como Mario Vargas Llosa, que la literatura no era para mí una cosa de fines de semana, sino una vocación excluyente que me pedía, me exigía eliminar todo lo demás.

¿Terminaste la carrera de Derecho?

Sí. La terminé por disciplina, pero ya sabiendo que lo que yo quería era escribir novelas 24 horas al día.

¿En el proceso de releer libros qué descubres?

A mí me ha resultado fascinante, con los escritores que más me importan, descubrir cómo se transforman las novelas después de cierto tiempo, incluso técnicamente. Ver las cosas que no supe ver en otras lecturas y ver cuánto me enseñan. En eso las grandes novelas son siempre maravillosas, porque cambian mientras nosotros cambiamos y saben de nosotros cosas que nosotros no hemos aprendido todavía. Nos dicen cosas de nosotros.

Comentabas que eres poco optimista, ¿por qué?

Creo que un conocimiento de la historia, aunque sea somero, te demuestra que los grandes avances tecnológicos de la humanidad nunca van de la mano con avances morales, con avances éticos. Hay siempre una pulsión muy fuerte que es egoísta, que es codiciosa y que desanima porque pone siempre una cantidad enorme de poder en manos de la gente equivocada y creo que es lo que está pasando ahora. Para mí existe una alianza muy perversa entre lo que llamo los plutócratas de la tecnología y los populistas. Hay un acuerdo entre los Trump y los Musk del mundo que es tremendamente peligroso.

Si tuvieras que hablar de las emociones del mundo actual, ¿cuál o cuáles serían?

Creo que lo que mueve el mundo es el poder de las emociones para reemplazar a la razón en la vida política de los ciudadanos. Los ciudadanos ya no votan por lo que creen, sino que votan por lo que sienten y eso es terriblemente peligroso. La emoción que prima sobre todas las demás es lo que el filósofo Spinoza llamaba las emociones tristes. La ira, el resentimiento, la rabia, la envidia, el odio. Eso es lo que mueve el mundo. Y las grandes plataformas digitales han descubierto que pueden manipular estas emociones, pueden inducir la ira, el resentimiento, el odio y tener a toda una sociedad subyugada, manipulando estas emociones.

Además, se rechazan las diferencias.

O se convence a la gente de que la diferencia es peligrosa o que quien opina distinto es tu enemigo, te está mintiendo y te quiere hacer daño. De pronto ya no hay contradictores, hay enemigos y los vínculos de la sociedad se van disolviendo lentamente hasta montar mecanismos de verdadera atomización en los cuales cada persona, como decía García Márquez en El general en su laberinto, cada colombiano es un país enemigo y creo que es así, que las redes sociales han montado una visión del mundo en que cada uno de nuestros conciudadanos es un enemigo.

Si pudieras dejar una enseñanza a través de tus libros, ¿cuál sería?

Creo que, en el mundo de la ficción, la primera lección de una vida leyendo novelas es la infinita diversidad del ser humano. Lo distinto que pensamos y sentimos. Cuando eso lo aceptamos, somos capaces también de aceptar que no existe sociedad perfecta al final del camino, pero tenemos que caminar juntos. Eso arreglaría un poco las cosas.   

 

Datos:

 

-Su última novela Los nombres de Feliza parte de una frase escrita en una columna de García Márquez: Feliza Burstyn murió de tristeza. El autor se obsesiona con ello e indaga en la vida secreta de la escultora, de manera profunda e intensa.

-Novelista, periodista y traductor. Ha publicado siete novelas, la más conocida hasta ahora es El ruido de las cosas al caer.

-Traducido a 28 lenguas. Ha recibido el Premio Alfaguara de Novela y el premio IMPAC de Dublín, además de otros importantes reconocimientos y condecoraciones.

 

 

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