Fue un momento íntimo. La familia y sus más cercanos amigos llegaron la tarde de ayer al crematorio del Ejército del Perú. Una breve espera y luego, Àlvaro Vargas Llosa, Gonzalo y Morgana, hijos del nobel, fueron retratados con las cenizas del ilustre peruano.
Álvaro y Gonzalo tenían entre las manos dos urnas. Podía sentirse el dolor. Morgana, desencajada, avanzaba despacio.
Horas antes, Alvaro -desde la puerta de la casa en Barranco- agradeció las muestras de afecto tras el deceso de Mario Vargas Llosa: "No tengo otra cosa que decir que Perú ha perdido a uno de sus mejores hombres y nosotros a un ser infinitamente querido que vamos a echar de menos", comentó. Era el velatorio, en total intimidad. No se compartieron fotos.
El escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936-2025) fallecido este lunes, a los 89 años de edad, recibirá a título póstumo la condecoración.
El hijo del nobel comentó que, si bien su padre es "una persona universal", se ha sentido sorprendido por las proporciones que ha tomado la lamentable noticia: "Hemos recibido mensajes de toda América Latina, de los Estados Unidos, de Europa, del Asia, del medio oriente, de personalidades, de personas, de instituciones, de organizaciones, de gobiernos. No puedo mencionarlos a todos porque son demasiados. Pero quisiera transmitir la enorme gratitud de toda mi familia: de mi madre, Patricia; de Gonzalo, Morgana y mi propia gratitud".
Vargas Llosa no quería ceremonias públicas y pidió que, al morir, sus restos fueran cremados. Así se hizo.
A lo largo de este triste lunes, la gente depositó flores en las afueras de su vivienda.
Por la tarde, una carroza de color negro salió de su casa seguida de una caravana de autos y periodistas hasta el sur de Lima. A través de la ventana del coche funerario se pudo observar el ataúd de madera color marrón.
El cortejo fúnebre partió a las 16:10 hora local, menos de 24 horas después de que sus hijos anunciaran públicamente la muerte del autor.
Por la noche, Morgana y Álvaro compartieron algunos de los infinitos mensajes que llegaron en X donde se destaca al genio brillante que fue Vargas Llosa. A esas horas, como nunca suele pasar, un libro era tendencia en la red social X, un libro, cosa rara. La Guerra del Fin del Mundo -una de las novelas más célebres de Mario- estaba en boca de todos.
Usuarios del Perú y el mundo habían empezado a listar las obras preferidas del peruano. Y este libro, publicado en 1981, fue considerado en este espacio el mejor libro de Mario Vargas Llosa. Se llegaron a compartir fragmentos de la obra, comentarios sobre cómo les cambió la vida y fotos de estantes personales.
¿QUÉ PENSABA VARGAS LLOSA DE LA MUERTE?
En una de sus frases más memorables, Mario Vargas Llosa afirmó a la BBC: “La muerte a mí no me angustia. Hombre, la vida tiene eso de maravilloso: si viviéramos para siempre sería enormemente aburrida, mecánica. Si fuéramos eternos sería algo espantoso. Creo que la vida es tan maravillosa precisamente porque tiene un fin”.
Para el autor de Conversación en La Catedral, la eternidad no era un deseo, sino una amenaza. Imaginaba la inmortalidad como una condena a la rutina, a la repetición sin sentido. Una vida sin final, decía, perdería su magia, se volvería predecible y desprovista de emoción.
Lejos de temerle, abrazaba el paso del tiempo como parte esencial de la condición humana. En su mirada, era precisamente la certeza de la muerte lo que daba profundidad, urgencia y belleza a la experiencia de vivir.
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