El triunfo de Chiara Nicolini en el Campeonato Nacional de Barismo 2025 marcó un punto de inflexión en su trayectoria. No fue solo levantar un trofeo: fue la confirmación de años de trabajo, experimentación y una defensa constante del café peruano.
Con ocho años de trayectoria, Kafi Wasi Café Tostaduría —liderada por Diego Cisneros y Pamela Raymer— ha transformado la cultura cafetera arequipeña y hoy figura en el puesto 2 del ranking The South America’s 100 Best Coffee Shops.
Tras una etapa dedicada a emprender, formar equipos, ser mamá y sostener Punto Café —la cafetería miraflorina que hoy figura entre las mejores de Sudamérica—, decidió volver a competir. Y ganó. Chiara insiste en que este logro no le pertenece únicamente: es el resultado de un camino compartido con quienes la han acompañado desde el inicio.
Chiara insiste en que este logro no le pertenece únicamente: es el resultado de un camino compartido con quienes la han acompañado desde el inicio. Foto: Central Café y Cacao.Regresó a Lima desde Chachapoyas, galardón en mano, con una serenidad precisa y una determinación encendida. “Quiero que el mundo sepa lo increíble que es el café peruano —y su gente—”, afirma. Con esa certeza inicia ahora su ruta hacia el Mundial de Barismo 2026 en Panamá. Está decidida a llevar un café peruano, cueste lo que cueste.
El 2025 cierra para ella con un título nacional, la consolidación de Punto Café —su proyecto más personal— y una segunda sede que abrirá el próximo año.
Es un día de semana y el local está lleno. Chiara prepara las bebidas con las que compitió: un espresso preciso, una bebida con leche equilibrada y una bebida de autor elaborada con lulo, reducción de dátiles, solución salina y espressos de sidra natural.
En el mostrador, los clientes pueden comprar el café del campeonato: un geisha de Occobamba, Cusco, producido por Alina Solano. Una joya peruana.
“Para que un café llegue a nuestra barra pasa por un proceso riguroso: seleccionamos, curamos y evaluamos cada muestra pensando no solo en si me gusta, sino en cómo lo sentirá el cliente y si encaja con la experiencia que queremos ofrecer. Esa es mi filosofía”
¿Qué significa este triunfo?
Más que un triunfo, es una parte importante de mi experiencia personal. Cuando competí por primera vez, era muy joven, casi una niña. Gané, seguí creciendo y siempre tuve la ilusión de representar al Perú en un mundial. Es un honor enorme. Viví diez años en España y competí allá cuando aquí aún no existían los campeonatos, pero regresar y competir por mi país tiene un valor distinto.
¿Cómo tomaste la decisión de volver a competir?
Hace un año. Primero tuve que asumirlo internamente: participar sin miedo, entendiendo que competir no es sinónimo de ganar. Me preparé muchísimo en el laboratorio de Punto con todo mi equipo. Trabajé con Anggela Sara y con Javier Uribe, de Maido, para desarrollar la bebida de autor. También visité a las productoras de los cafés que elegí: un geisha lavado de Alina Solano y un sidra natural de Ubaldina Jinchu, ambas de Cusco. Quería entender sus procesos y conectar con sus historias.
¿El café peruano ya está al nivel de los campeonatos internacionales?
Tenemos cafés excepcionales. En el Perú hay cafés increíbles, realmente muy muy buenos, pero todavía falta afinar ciertos procesos en finca: secado, manejo, consistencia… y también volumen. Y aun así, yo voy a ir al mundial con café peruano. No puedo llevar otro. Antes de pararme en el escenario y decir “hola, soy Chiara Nicolini y compito con un café de Colombia”, prefiero no ir. Va contra mis principios. Sé que muchos cafés de competencia hoy llegan de países como Panamá o Colombia, pero eso no me detiene: ya estoy conversando con productores y con gente que trabaja procesos para lograr que un café peruano entre, por fin, al radar de los cafés de competencia.
Cierras un año intenso. ¿Cómo va Punto Café?
Muy bien, aunque ha sido retador por los precios y las cosechas. Acabamos de firmar el contrato del segundo local. Si todo va bien, abrimos a inicios del próximo año. El laboratorio está sólido, Punto está funcionando bien y ahora estamos enfocadísimos en dos cosas: calidad del producto y calidad de la experiencia. Queremos crecer, sí, pero crecer a nuestra manera. No queremos tener 500 locales. Queremos crecer como nos gusta: dando la mejor experiencia posible.
¿Cada vez hay más cafeterías que dicen ser de especialidad, pero no lo son?
Sí, y eso daña el mercado. Creo que falta regulación. Hoy cualquiera dice que es cafetería de especialidad, y no lo es. En algunos lugares he probado café comercial presentado como especialidad. Y eso afecta a toda la cadena.
“Un año antes tomé la decisión y empecé a trabajar en el concepto. Sumé a Anggela Sara como coach principal, luego se integraron dos personas de mi equipo y más adelante otro miembro. Para la bebida de autor invité a Javier Uribe, de Maido. Nadie sabía que iba a competir. Soy más de hacer que de anunciar”.
¿Qué es para ti una cafetería de especialidad?
Un lugar que ofrece cafés de especialidad: con puntuación, con evaluación, con un sabor objetivo. El café es de especialidad cuando toda la cadena está cuidada y cuando el consumidor lo siente especial. Pensamos mucho en eso: qué va a sentir la persona cuando se lleva ese café a su casa.
¿Cómo ves al consumidor peruano?
Está cambiando rápido. Lo noté con claridad este último año. En Punto lo comentamos mucho: la gente quiere saber más, entender más, probar cosas nuevas, descubrir otros sabores. Y al mismo tiempo está el consumidor que viene, pide su café y se va. Conviven los dos perfiles. Creo que ningún extremo es bueno. Lo ideal es un equilibrio que permita ofrecer una experiencia auténtica sin complicar al cliente. Porque una cosa es decir que eres una cafetería de especialidad y otra es realmente serlo. Acá trabajamos con cafés de especialidad y eso implica responsabilidad: informar, acompañar cuando el cliente quiere aprender y también respetar cuando solo quiere un buen café y nada más.
“A dos cuadras tengo cinco cafeterías alrededor. Hay una acá, otra allá… están por todos lados. Entonces la pregunta es: ¿por qué la gente viene a Punto si somos más pequeños, si tenemos solo unas banquitas afuera? Valoran el servicio, el producto y la conexión”.
¿Qué le dirías a un barista joven?
Que tenga paciencia. Hay baristas muy jóvenes que sienten que ya lo saben todo. Que escuchen, que se equivoquen, que practiquen. La teoría es enorme, pero hay que vivirla. Esta industria tiene muchos retos, y eso la hace motivadora: no está todo hecho; hay espacio para crecer.
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