Osteria Convivium estrena una carta donde las manos vuelven a ser protagonistas. El chef Miguel Hernández apuesta por una cocina que respira oficio y tradición.
Junto a Kjolle en el puesto 2 de la prestigiosa lista, también sobresalieron los restaurantes peruanos Mérito (4), Cosme (9), Mayta (11), La Mar (26), Rafael (33), Osso (44) y Mil (49).
“Queríamos que hablara de lo esencial —explica—, de ese movimiento que define la cocina italiana: amasar, sentir la masa, respetar los tiempos”. Con esa premisa, Convivium reafirma su lugar como uno de los referentes más sólidos de la gastronomía italiana en Lima.
El chef Miguel Hernández apuesta por una cocina que respira oficio y tradición. La propuesta inicia con entradas que dejan que el producto marque el ritmo. El Carpaccio di Fichi e Prosciutto combina higos frescos, prosciutto, grana padano y balsámico en una lectura fresca y luminosa de la temporada. A este se suman la Cavolfiore alla griglia, coliflor a la parrilla con hummus, pesto y arúgula, y los Arancini di Carbonara, una versión crujiente del clásico romano con guanciale y pecorino.
Las nuevas pizzas artesanales consolidan el espíritu del menú. Entre ellas destacan la Parma Stracciatella, elaborada con pomodoro, mozzarella, prosciutto, arúgula y grana padano, y la Funghi Cacio e Pepe, que combina taleggio, panceta, cebolla blanca, champiñones y yema curada en una interpretación potente y equilibrada.
Celebración de lo artesanal
El corazón de la carta vuelve a ser la pasta hecha a mano. La primavera trae los Pici Cacio e Pepe, elaborados uno a uno según la tradición toscana. “Exigen paciencia, precisión e intuición”, señala Hernández.
A ellos se suma la Girella alla arrabbiata, una pasta fresca laminada, rellena de ricotta y espinaca, enrollada como una espiral y servida con salsa de tomate picante, un guiño contemporáneo a las cocinas del sur de Italia.
La sección continúa con los Agnolotti del plin en crema de grana padano y salvia; los Fettuccini al Polpete, que evocan el comfort food ítalo-americano; los Gnocchi al sugo ai funghi porcini, que abrazan la fusión ítalo-peruana; y los Rigatoni al Vodka con Scampi e Carciofi, donde el mar se encuentra con la cremosidad de la stracciatella.
Para los amantes de los rituales de siempre, regresan los Fettuccini ai Funghi Porcini e Tartufo, terminados frente al comensal dentro de una pieza de pecorino que se derrite al contacto: un gesto casi ceremonial.
El recorrido dulce se expresa en dos postres que resumen la identidad de la carta: la Meringata di Frutto della Passione e Fragola al Balsamico y la Tarta de Uva Borgoña con gelato de vainilla. Ambos celebran la frescura y una elegancia que prescinde de artificios.
DATO:
Se encuentra en Calle Santa Luisa 211, San Isidro.
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