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HABLÓ SOBRE LA COYUNTURA NACIONAL

Mons. García: “No podemos ser indiferentes a que (en el Sodalicio) hubo violaciones”

Perú21 entrevistó al flamante presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

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carlos garcía
El obispo de Lurín fue elegido como el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Peruana. (Luis Julián/Perú21)
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Monseñor Carlos García, obispo de Lurín, asumió la Presidencia de la Conferencia Episcopal Peruana en una semana agitada por el anuncio de la  disolución del Sodalicio de Vida Cristiana. Pero también habló sobre la coyuntura nacional: el crimen, Dina Boluarte y el Congreso.

Los obispos han estado en un plenario durante estos días. ¿Cuáles han sido las conclusiones?  

Estamos conversando los problemas que están sucediendo en el Perú y también sobre las realidades que nos revientan a todos en la cara. Porque no podemos ser indiferentes a que hubo violaciones. De muchos mensajes de la Conferencia Episcopal que se han hecho llegar a la Santa Sede durante años, desde el 2012, comenzamos a ver un ruido, porque las víctimas comenzaron a venir aquí también, algunas fueron escuchadas; y otras, en la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

¿Está hablando del caso Sodalicio?

Sí, porque también es parte de la agenda. Es parte de la preocupación de nuestro pueblo y no puede ser ajena también para los pastores.

 

Justamente esta semana llegó el enviado del papa Francisco, Jordi Bertomeu, para anunciar la disolución del Sodalicio. ¿Qué les comunicó?

Nada que ya no se conozca. El santo padre nombra a esta comisión y son ellos los que ya traen el decreto firmado por él. Para que un documento legal se haga público a nivel de Iglesia, las personas que van a ser destituidas deben ser comunicadas.  

 

¿La Conferencia Episcopal va a acompañar la disolución del Sodalicio?

En lo que nos toque. Consolar al que está triste, dar paz, dar tranquilidad y dar, sobre todo, esa claridad. Como pastores nos duele también que una institución que siempre hemos conocido como una religiosa, defensora de la verdad y preocupada siempre por la cultura, hoy se ha envuelto en la mentira y en el engaño que ha vendido a todo el mundo. Si será cierto o no, capaz nos equivocaremos, no lo sé, pero las denuncias más llevan a la mentira que a la defensa de la verdad. Uno se siente tan desconcertado como las víctimas, tan desarmado como las víctimas, tan adolorido como las víctimas.

 

¿Cree que haber sido integrante de la primera comisión que investigó al Sodalicio le valió para ser elegido la máxima autoridad de los obispos en Perú?

No tiene una cosa que ver con la otra. Yo quisiera que tengamos muy claro que esa comisión no se creó para tapar a nadie, sino para saber y poner en evidencia la realidad que hasta ese momento estaba desordenada. Quizás fuimos escogidos porque de alguna manera u otra sí conocíamos al Sodalicio.

 

¿Qué concepto tenía del Sodalicio?

El mejor. Desde el primer momento dijimos: “Si queremos ayudar en esta tarea de la búsqueda de la verdad, entonces aceptamos el reto”. Lo desempeñamos ad honorem y al servicio de la verdad, no al servicio de un interés económico. La verdad no prescribe. Puede prescribir cualquier situación por más dolorosa que parezca, pero la verdad no.

 

¿Usted buscó que se tomaran con más seriedad los casos de abusos? Las víctimas dicen que la Iglesia siempre les dio la espalda.

Yo creo que decir “me dio la espalda” es parte de su condición de vivir el duelo, de creer que no fueron escuchados.  El informe que hicimos se volvió público, lo llevamos a instituciones y se fue llevando a los estamentos correctos, incluso lo llevamos a Roma y lo depositamos en la Comisión de Vida Religiosa.  

 

Cuando se convocó a la segunda comisión, indicaron que el primer informe fue poco exhaustivo.

Si queremos sacar las conclusiones desde hoy, nos vamos a equivocar todos. Las víctimas no son fáciles de hablar. Nadie que ha sufrido una vejación va a contarla como si fuera la película más sencilla. No ha habido, sobre todo en las verdaderas víctimas, una sola que no se ha quebrado, y no entro en detalles porque me enfermó por mucho tiempo. Cada cosa que escuchábamos, salíamos bastante delicados y enfermos.