El Ministerio de Educación (Minedu) recientemente modificó el anexo 3 “Protocolos para la atención de la violencia contra niñas, niños y adolescentes” de los Lineamientos para la Gestión de la Convivencia Escolar, con la finalidad de establecer una ruta de acción y fomentar una intervención oportuna, diligente y reparadora para disminuir los niveles de violencia.
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De esta forma, los protocolos del SíseVe, la herramienta nacional para reportar y atender casos de violencia, incorporan un enfoque que busca distinguir entre conflicto y violencia para promover una respuesta formativa más que punitiva.
Solo entre enero y agosto del 2025, se reportó en el SíseVe un total de 6,621 casos de violencia entre estudiantes en todo el país. Estas cifras revelan la necesidad de una labor coordinada entre las escuelas y los hogares.
Para Víctor Vásquez, coordinador de Bienestar y Tutoría de Innova Schools, es importante la revisión y actualización de los protocolos porque reconoce los cambios sociales, culturales y tecnológicos que se han presentado desde el 2018 y que redefinen cómo nos relacionamos y cómo podemos responder al contexto actual. En ese sentido, destaca la diferenciación entre las situaciones de violencia y los conflictos.
"La violencia demanda ciertas características como la persistencia, la provocación de un daño grave, así como el ejercicio de poder en una relación o de sometimiento; mientras que el conflicto implica dos puntos de vista distintos, dos perspectivas diferentes, y eso es parte de toda relación humana", explica Vásquez.
Agrega que el conflicto es natural y parte de la convivencia, y que el disenso representa una oportunidad para aprender a manejar los desacuerdos de manera asertiva, empática y de forma pacífica.
Una opinión similar tiene la doctora en psicología Nani Pease, quien considera el conflicto como una oportunidad de aprendizaje. "Con un buen acompañamiento se logrará identificar lo ocurrido, reconocerlo y trabajar sobre aquellas habilidades socioemocionales que debieron estar presentes para afrontar el conflicto", precisa.
Pease, autora del libro Ser adolescente en el Perú, señala que cuando los conflictos son ignorados, minimizados o abordados desde el castigo, no solo se pierde una oportunidad educativa, sino que se refuerza la idea de que las normas se cumplen únicamente para evitar una sanción, y no por comprender su verdadero sentido.
Otro de los cambios más llamativos es la incorporación de una mirada más pedagógica a los niveles iniciales. Los nuevos lineamientos establecen que los incidentes entre niños pequeños ya no se registran como violencia física o psicológica, sino que se abordan desde el acompañamiento socioemocional.
"En la educación inicial, no podemos hablar de situaciones de violencia porque se encuentran en un proceso de desarrollo de la socialización, del control de impulsos o del manejo de la motricidad", considera Vásquez.
PARTICIPACIÓN DE LOS PADRES
Los especialistas coinciden en la necesidad de la participación constante de los padres y las familias en el acompañamiento del proceso educativo y emocional de los estudiantes.
Paul Neira, experto en políticas públicas educativas, considera que es necesario recuperar la acción complementaria entre la escuela y las familias en la formación y educación de los escolares.
"Institucionalmente los colegios han sido debilitados porque se ha establecido una relación desequilibrada, donde los padres de familia son clientes que reciben un servicio por parte de los colegios, detalle Neira". Agrega que: “desde la normativa se ha promovido exclusivamente el derecho a la educación, sin reconocer que todo derecho tiene una responsabilidad y un deber”.
Por su parte, Víctor Vásquez sostiene que la familia debe entender que el principal lugar donde el niño o la niña desarrolla valores, actitudes y habilidades es el hogar. "Lo que hace la escuela es fortalecer, complementar y reforzar estos valores y brindar un propósito más intencional, pero la formación inicial proviene del hogar", añade el especialista de Innova Schools.
La modificación de los protocolos no solo redefine procedimientos, sino también valores, dejando atrás la lógica del castigo y acogiendo la del aprendizaje. En palabras de Pease, "una escuela que enseña a dialogar en lugar de sancionar está construyendo las bases de una sociedad más empática y pacífica". Si el cambio logra consolidarse en las aulas, el país podría estar dando un paso importante hacia una verdadera cultura de paz.
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