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Desde políticas de género a la frustrada nueva constitución: Así deja Chile el presidente Gabiel Boric

Se presentó como una figura de renovación de izquierda y deja un país que apostó por las mejoras sociales pero con un ralentizado crecimiento económico evidente y un frustrado doble intento de cambiar la constitución. 

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Gabriel Boric. Foto: AFP
Gabriel Boric deja la presidencia de Chile tras cuatro años de mandato. Foto: AFP
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Gabriel Boric Font asumió la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2022, luego de ganar la segunda vuelta electoral frente a José Antonio Kast. 

Se presentó como una figura de renovación de izquierda: ex-líder estudiantil, de 36 años al momento de su elección, promovió una agenda progresista centrada en la igualdad de género, derechos sociales, participación ciudadana y cambio climático. 

Su gobierno también se caracterizó por conformar un gabinete con mayoría femenina, alineado a su compromiso con la paridad de género y la diversidad. 

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Gabinete de paridad de Gabriel Boric. Foto: AFP
Gabinete de paridad de Gabriel Boric. Foto: AFP

 

Principales logros

Entre los éxitos de su gestión destacan reformas que habían estado estancadas durante años. Por ejemplo, su gobierno logró avanzar una reforma previsional importante, aprobada en enero de 2025, la cual incrementa la contribución patronal al sistema de pensiones y busca reducir desigualdades de género en las jubilaciones. 

En política ambiental, Chile ratificó el Tratado de Escazú y avanzó en su meta de energía renovable, lo que refuerza la imagen internacional del país como líder latinoamericano en acción climática. 

En el ámbito de derechos humanos, su administración impulsó el Plan Nacional de Búsqueda de detenidos desaparecidos y reformó la penalidad de la ex Colonia Dignidad, evidenciando su compromiso con el pasado y la memoria histórica.

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Gabriel Boric junto a mandatarios. Foto: AFP

 

Principales errores y desafíos

No obstante, el balance también presenta claros puntos débiles. La gestión de Boric ha sido marcada por un apoyo ciudadano bajo: hacia mayo de 2025 su tasa de aprobación se ubicaba cerca del 21%, según informa Statista.

Además, la economía chilena ha mostrado un crecimiento débil, alrededor de 1.8% según estimaciones recientes, y la inflación, el desempleo y la falta de dinamismo económico han generado señales de alerta. 

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Debate de reforma constitucional en Chile. Foto: X
Debate de reforma constitucional en Chile. Foto: X

En el ámbito político, su esfuerzo por cambiar la Constitución fue un revés importante: dos borradores fueron rechazados por la ciudadanía, lo que supuso una derrota simbólica para su proyecto. 

También, el avance legislativo en algunas áreas clave se quedó corto: un estudio muestra que apenas el 38% de sus promesas legislativas estaban cumplidas, y casi sin movimiento en áreas como Cultura, Defensa y Pueblos Indígenas, según informa El País.

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Gabriel Boric junto al presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Ilan Goldfajn. Foto: AFP
Gabriel Boric junto al presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Ilan Goldfajn. Foto: AFP

 

¿Cómo deja el país de cara a las elecciones?

De cara a las elecciones de 2025, Chile queda en una encrucijada. Si bien hay logros que pueden sentar base para una agenda social-ambiental transformadora, la baja aprobación, la ralentización económica y los fracasos en reformas estructurales dejarán un legado complejo para Boric y para la izquierda en general. 

La pérdida de apoyo en elecciones locales, como las municipales de 2024 en donde su coalición registró importantes retrocesos, evidencia el desgaste político que enfrentará el próximo gobierno. 

Por otra parte, los consultores señalan que la nueva reforma previsional alcanzada podría constituir un activo político potente para su bloque o sucesores, siempre que se ejecute de forma creíble.

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Gabriel Boric. Foto: AFP

El gobierno de Gabriel Boric combina innovación, apuesta social y ambición ambiental, con limitaciones evidentes en economía, gobernabilidad y expectativas no satisfechas. 

En el escenario electoral, el país transita hacia una batalla abierta: la izquierda deberá demostrar que puede traducir sus ideas en resultados tangibles, y la derecha se prepara para capitalizar el desencanto.

 

 

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