Ha pasado una semana desde la captura de Nicolás Maduro y es claro que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha establecido un nuevo orden geopolítico.
A la luz de los hechos, la caída del dictador venezolano ha sido el inicio de una serie de movidas del gigante de Norteamérica que busca instaurar una nueva jerarquía de poder en la región en la que Trump dicta las reglas del juego, y todos —desde aliados hasta adversarios— actúan en función de ellas.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, se ha esmerado en gritar a los cuatro vientos que Maduro fue “secuestrado”, ha demandado su liberación y lo ha señalado como el presidente legítimo del país. Sin embargo, en simultáneo, ha ordenado la liberación de presos políticos y avanzó en retomar las relaciones bilaterales con el propio Estados Unidos, que manejará el petróleo venezolano con el consentimiento de Rodríguez.
La dictadura de Ortega y Murillo en Nicaragua, aliados de Maduro, excarceló a "decenas" de personas luego de que la embajada de Estados Unidos en Managua abogara por la liberación de presos políticos.
Según informó el diario ABC, la mandataria viene maniobrando y haciendo todo lo posible por obtener una invitación a la Casa Blanca, en un intento por ganar legitimidad ante Trump, quien recibirá en los próximos días a la lideresa opositora María Corina Machado.
¿Es que acaso existe un mensaje para la tribuna y, a la vez, una subordinación tácita al nuevo orden que busca imponer Trump en América Latina?
El internacionalista Carlos Novoa Shuña declaró a Perú21 que, en efecto, “existe un discurso para la tribuna que tiene como objetivo tratar de demostrar que ellos siguen teniendo el control dentro de Venezuela, lo cual es cierto hasta determinado punto”.
Lo que sí ha cambiado “drásticamente”, aseguró, es que “si bien ellos siguen en el poder, hay otras condiciones y exigencias que no tienen nada que ver con lo que han pregonado los últimos 25 años: están completamente sometidos a la voluntad de EE.UU. y de Trump”.
“Estamos asistiendo a la imposición de una nueva forma de actuar de los EE.UU., a propósito de su reciente estrategia de seguridad. Ahí ha dicho lo que quiere para el hemisferio. ¿Y qué es lo que quiere? El control total. ¿Por qué? Porque está en una lucha hegemónica con China, tratando de ratificar su poderío mundial. En esa estrategia está el tema de Venezuela y también de otros países, como Colombia”, manifestó.
En el caso de Colombia, Trump recibirá, en la primera semana de febrero en la Casa Blanca, al presidente Gustavo Petro, quien tuvo más de una palabra altisonante contra él.
Novoa dijo que a Petro le ha quedado claro que así como hubo una acción militar en Venezuela, se podría producir una en Colombia. En ese sentido, dijo, Petro “ha preferido dejar de lado la confrontación verbal para dar paso a la diplomacia”.
En esa decisión, Petro también sale ganando porque Trump le “perdona” su agresividad verbal, advierte el internacionalista, y puede decir a sus seguidores que “se hizo respetar” porque lo convocaron a Washington. Aunque, en realidad, Trump “le ha jalado las orejas y va a ir a la Casa Blanca porque él se lo ha impuesto”. “Es decir, Petro se ha sometido, pero sin perder la dignidad”, acotó.