En 1989, una crónica publicada en Caretas encontró a Hugo Sotil tal como lo encontraría el final de sus días: solo y silencioso. Hace un mes la Asociación de Jugadores de Barcelona le hizo un homenaje en vida a un futbolista irreemplazable que vestía la camiseta como si de un uniforme sagrado se tratara. En su patria, como es costumbre, es hora del extemporáneo e inútil lamento póstumo. Mil disculpas, Hugo Sotil. Gracias por el fútbol.