Continuamos con el segundo de una serie de artículos dedicados a analizar el complejo conflicto entre Israel y Gaza, enfocándonos esta vez en el momento en que Israel intentó, de forma unilateral, resolver la situación al retirarse de la Franja de Gaza completamente, entregándola —por primera vez en la historia— a los árabes palestinos (recordemos que los árabes no llegaron a esa región hasta el siglo VII d.C.).
En 2005, el entonces primer ministro israelí Ariel Sharon ordenó la evacuación total del ejército y de unos 14 mil colonos israelíes de Gaza. La Franja quedó bajo control de la Autoridad Palestina (AP), dominada por Fatah, el movimiento laico que desde 1993 también administra parte de Cisjordania.
Sin embargo, pocas semanas después, militantes del grupo islamista Hamás destruyeron centenares de invernaderos que los colonos israelíes habían dejado intactos. Posteriormente, comenzaron los primeros ataques con misiles contra territorio israelí, marcando el inicio de una escalada de violencia que derivó en varias guerras.
En 2006, tras la muerte de Yasser Arafat, Mahmoud Abbas —su ex primer ministro— ganó las elecciones presidenciales. Sin embargo, Hamás venció en las parlamentarias. El hartazgo de la población palestina frente a la corrupción endémica de los funcionarios de la AP —quienes habían recibido miles de millones de dólares de organismos internacionales bajo el marco de los Acuerdos de Oslo de 1993— derivó en un voto castigo. Muchos palestinos, en busca del “mal menor”, no anticiparon que estaban eligiendo al “mal peor”.
En 2007, Hamás desató una guerra civil contra Fatah por el control de Gaza. Centenares de miembros del movimiento de Arafat fueron asesinados, y el grupo islamista tomó el poder absoluto de la Franja. Desde entonces, se sucedieron ataques terroristas y represalias israelíes en un círculo vicioso de violencia que tuvo su punto de quiebre el 7 de octubre de 2023, con la masacre perpetrada por Hamás en suelo israelí.
Continuamos la próxima semana.
VIDEO RECOMENDADO