El escape de la principal cómplice del frustrado golpe de Estado de Castillo a refugiarse bajo las maculadas enaguas mexicanas, deja en evidencia la cobardía e inconsistencia de la izquierda y sus socios.
Cuando un izquierdista delinque, rehuye a su responsabilidad o recibe ayuda para ello. Castillo quiso fugar luego de su golpe de Estado; Cerrón está no habido hace más de dos años; Villarán, habita libre, en el limbo jurídico desde 2018; y, a la neoheroína de la progresía, Betssy Chávez, la esconde la izquierda mexicana, con el entusiasta apoyo de la progresía local.
La cobardía de la izquierda es legendaria. Leones cuando tienen poder, mofetas cuando lo pierden y, si se les busca, huyen esparciendo su fétido almizcle por doquier. Combativos y altisonantes ante las cámaras: puño en alto, gesto adusto y llenos de promesas y dichos que nunca cumplen.
Repasen las falsedades del “abogado” de Betssy que, a la par que fraguaba un certificado para justificar la ausencia de su defendida ante el juzgado, dijo que no escaparía del país ni de la justicia mientras Betssy ya disfrutaba de las comodidades aristocráticas de la residencia mexicana en San Isidro.
La inconsistencia es la característica por antonomasia de la izquierda. Siempre predican lo que debe aplicarse a otros, pero no a ellos. Recordemos la movilización cuando Alan García buscó asilo en Uruguay y desplegaron todo su poder para que le denegaran a Alan lo que hoy exigen se reconozca a su Betssy.
Sí, Betssy Chávez nació en el Perú. Sí, fue la primera ministra de Castillo en su golpe de Estado. Sí, Betssy es abogada y fue congresista. Sí, Betssy es del partido político Perú Libre. ¿Pero es Betssy una perseguida política? No. Betssy, tiene una investigación fiscal y tiene derecho a defenderse. ¿Pero Betssy es una perseguida política? No. Amigos y amigas de México, a Betssy Chávez no la persigue la política, la sigue la justicia. Permitamos que la justicia peruana decida.