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Duró poco la ilusión

"Cuando un presidente empieza a copiar los vicios de sus antecesores —reuniones clandestinas, explicaciones evasivas y silencios cómplices— ya no hay matices que valgan. Punto final".

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jerí
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Hace algunas semanas señalé que los primeros días de Jerí en la presidencia parecían marcar un quiebre frente a la intrascendencia de Dina y las tropelías del golpista Castillo. Me equivoqué.

Bastaron unas reuniones a escondidas y fuera de agenda con el “empresario” chino Zhihua Yang para pulverizar cualquier beneficio de la duda. Cuando un presidente empieza a copiar los vicios de sus antecesores —reuniones clandestinas, explicaciones evasivas y silencios cómplices— ya no hay matices que valgan. Punto final.

La función pública en el Perú atraviesa una degradación alarmante. Para demasiados políticos, el Estado no es un espacio de servicio, sino una puerta de acceso a beneficios que jamás podrían obtener por mérito propio en el sector privado. Transparencia, honestidad y confianza no son principios; son estorbos.

Lo de Jerí resulta, además, torpe. Muy torpe. Aún están frescos en la memoria los contubernios de Castillo en la casa de Sarratea y las dádivas de lujo que Dina exhibió con total desparpajo. Pese a ello, Jerí tropezó con la misma piedra, como si nada de eso hubiera ocurrido. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si no viviéramos en un mundo en el que todo se registra.

Esperar una explicación sincera sobre sus reuniones es ingenuo. La realidad es más dura: la renuncia o la censura se perfilan como las únicas salidas razonables frente a un error político y moral de gran envergadura.

No construiremos un país distinto mientras sigamos eligiendo gobernantes sin decencia. Y aquí el Jurado Nacional de Elecciones tiene una responsabilidad ineludible: permitir que personas con sentencias por delitos contra la administración pública participen en elecciones no solo corroe un Estado ya debilitado, sino que normaliza la inmoralidad y ahuyenta a los pocos buenos cuadros que aún quieren servir al país.

Qué lejos quedaron los tiempos en los que se podía elegir entre posiciones opuestas, pero entre personas decentes: Fernando Belaunde, Luis Bedoya, Alfonso Barrantes. Hoy ni siquiera ese consuelo nos queda.

Frente a este panorama, la esperanza es magra para estas elecciones. Que los precios de los metales sostengan la economía. Que la agroindustria y los emprendedores sigan empujando al país desde abajo. Y que Julio Velarde continúe al frente del BCR. Nada más. Nada menos.

P.D. Que no se corte la única decisión acertada de esta administración: la reorganización de Petroperú.