Me parece que está clarísimo que este jale reciente de Fernando Cillóniz al PPC implica que este será el próximo candidato presidencial del pepecismo, pues no creo que Cillóniz haya dado ese paso solo para ser senador. Jugada interesante, porque Cillóniz tiene buen cartel, además que reposiciona al partido en su tradicional identidad centroderechista tibia, esa que nunca debió abandonar por el caviarismo de Pérez Tello y Manuel Velarde y la indefinición ideológica de Beingolea, amén de una desafortunada alianza electoral con el APRA, que venía muy quemada en esos momentos con la campaña inmisericorde apoyada por Nadine Heredia y Ollanta Humala desde Palacio contra Alan García, lanzándole a sus implacables mastines de Diario 16, desde donde su feroz director Fernando Valencia Osorio le dedicó portadas diarias a García por meses enteros, reviviendo al antiaprismo más furibundo de los años 30, basando la mayor parte de sus ataques en los supuestos narcoindultos. Esa desorientación caviaroide y aliancista le costó al PPC que López Aliaga y De Soto se repartiesen ese casi veintipoco por ciento que alguna vez tuvieron en las urnas durante sus mejores momentos.