No es noticia que cada vez más el mundo digital, incluidos streamers y creadores de contenidos, está teniendo mayor relevancia en el ecosistema informativo. Las fuentes tradicionales de noticias van cediendo parte de su poder en este dominio, mientras que las noticias en línea tienen más fuerza. En este contexto y el proceso electoral que se viene en Perú, hay que reflexionar sobre qué cambios hay, cómo nos estamos informando, por qué medios y quiénes están formando opinión.
En junio, el Reuters Institute publicó su Digital News Report 2025, en el que mostraba que el consumo en Perú de televisión y prensa escrita continuaba disminuyendo, mientras que cada vez más usuarios accedían a noticias por canales digitales: un 75% por teléfono inteligente. En el reporte, Facebook sigue siendo la red más utilizada con este fin (52%), y le siguen YouTube (34%) y TikTok (33%).
No solo los medios tradicionales están haciendo esfuerzos para fortalecer su presencia digital con contenidos exclusivos para redes sociales como YouTube, sino que hay medios periodísticos nativos digitales y periodistas que han iniciado proyectos en esta red social. Además, en los últimos cinco años se han creado canales de streaming de figuras externas a los medios tradicionales —pero que tienen años produciendo en estos espacios— y que tienen ahora una amplia programación que va del puro entretenimiento a lo informativo. La tendencia es que esto continuará creciendo.
En aulas, se enseña que el rol de la comunicación es informar, educar y entretener; sin embargo, el actual panorama agudiza el desafío de encontrar el equilibrio entre estos roles, sobre todo con la primacía del like y la necesidad de ser sostenibles. El entretenimiento va ganando el valor central. Al servicio de ello, el lenguaje ha cambiado, no solo a uno más coloquial, sino que se aceptan los insultos, los ataques y el hostigamiento. Todo por el show.
También se observa que los programas son cada vez menos estructurados, pues se pierden en la anécdota. Se ha difuminado la separación entre hechos y opiniones, y los conductores son muchas veces el foco informativo, en vez de las noticias. Además, está el reto para periodistas, comunicadores y espectadores de enfrentar la revolución de la inteligencia artificial y todas sus posibilidades.
Sumado a ello, el periodismo digital, que se hace llamar independiente para separarse del tradicional y sentirse superior, parece cada vez más activista y arrogante. Por ejemplo, muchos programas promueven campañas antivoto y condenan a quienes no se suman a sus prácticas.
En este proceso cambiante de la configuración del ecosistema informativo, es necesario mencionar el proceso de venta del Grupo El Comercio que aún no se concreta y la compra de la mayoría de acciones de Panamericana Televisión por el Grupo Paltarumi. Jimmy Pflücker, quien lidera este grupo, ha declarado sus intenciones en una nota tristemente complaciente del medio PBO: “Ahora la idea es eliminar a cualquier caviar de Panamericana, a cualquier periodista sicario, a cualquier periodista difamador, y que tenga programas que eduquen”.
Este es un contexto electoral, con audiencias fragmentadas y con una ciudadanía con el reto de distinguir entre información, opinión y espectáculo. No hay que defender un pasado idealizado del periodismo tradicional, sino advertir que, sin reglas mínimas compartidas, sin ética profesional y sin responsabilidad frente al poder que hoy tienen quienes forman opinión en plataformas digitales, el debate público se empobrece y la deliberación democrática se debilita.