En alguna de esas díscolas presentaciones que tiene Dina, usualmente, ante auditorios infantiles donde canta, pero no encanta, señaló, dirigiéndose a las encuestadoras, cuando estas publicaron los resultados en las que recibía un raquítico 3% de aprobación: “Estamos empates”. Nadie entendió qué diantres quiso decir con eso.
Hoy, el gobierno de Dina, (el mismo de Castillo y Cerrón, pese a que este último ahora quiera desmarcarse, dado que el TC le ha abierto la puerta para que pueda postular a la presidencia), ante el desborde de violencia, sale con un nuevo empate: intervenir los medios de prensa para que el Gobierno pueda hacer propaganda diaria.
Dina cree que verbalizando cosas u ordenando disparates, el país se va a alinear raudamente y por arte de magia todo se corrige. Recordemos nomás cómo Dina en sus dos megadiscursos a la Nación hizo un recuento inagotable de los supuestos logros de su gestión y de las supuestas megaobras que iban a ejecutarse (¿se acuerdan de la Petroquímica?) y que, por supuesto, a hoy, son inexistentes.
Mientras eso pasa los puentes se caen y el Gobierno prefiere alargar la entrada del nuevo terminal aeroportuario en vez de reparar lo que ya está roto, por romperse o apurar lo que ni hizo en años; las inversiones siguen estancadas, pero la minería ilegal sigue avanzando; o, nos entretenemos con frivolidades (operaciones estéticas o los Rolex), cuando nuestros niños comen carne malograda.
No, Dina, no estamos empatados, estamos perdiendo por goleada. Queda poco de este gobierno y la única manera de revertir esto es jugando, no escondiéndonos o buscando que la cámara solo muestre a nuestro equipo y no al que nos vapulea.
Refuerce a su premier y al ministro de Economía, calle a sus “piquichones” y waykis (sobran); y a los que calientan banca pese a ser titulares exíjales que corran, defiendan y ataquen.
Sus problemas serán vistos cuando ya no esté en el poder; hasta entonces, gobierne para la gente.