Entre enero y noviembre la inflación en el Perú, de acuerdo con el INEI, ascendió a 1.08%. La interpretación del número es la siguiente: si comparamos la inflación del periodo enero-noviembre de 2025 contra el mismo periodo en 2024, los precios, en promedio, subieron 1.08%. Me comentaban que no podía ser cierto porque los precios seguían subiendo, aunque poco. Dicho de otro modo, pensaban que bajar la inflación era equivalente a que bajaran los precios. Error.
La inflación es la tasa porcentual de aumento en precios de bienes y servicios. Por lo tanto, si se reduce la inflación, lo que está bajando es la tasa o ritmo al cual suben. Bajar la inflación significa que los precios suban menos, no que bajen. Un ejemplo simple: si la inflación en el Perú fue 3.24% en 2023 y en 2024 fue 1.9%, entonces la lectura correcta es que los precios, en promedio ya no subieron 3.24%, sino 1.9%. La inflación bajó.
Muchos dirán que no es cierto porque hacen el mercado y ven que los precios suben. Para aclararlo, veamos cómo se calcula la inflación. Imagine usted que busca calcular el aumento promedio de precios en una economía como la peruana entre dos periodos. ¿Cuántos precios tendría que seguir? Miles de miles; solo piense cuántos precios existen en una bodega, una ferretería, un supermercado, etcétera. No se puede hacer el seguimiento porque son demasiados precios. Entonces, el INEI construye una canasta básica que tiene menos de 600 precios y solo sigue a esos precios. Por lo tanto, para que la inflación que le afecte a usted, estimado lector, sea la anunciada por el INEI, deberá consumir solo aquellos bienes y servicios que se encuentran en esa canasta, no todos.
El INEI calcula y el BCRP, a través de su política monetaria, tiene como meta anual una inflación de 2% +/- 1%. La economía peruana, entre 2001 y 2024, ha tenido una inflación promedio anual de 2.8%, dentro de la meta. Mientras la inflación esté dentro de la meta, entonces la economía peruana tendrá estabilidad monetaria. Muchas veces asumimos estos resultados como obvios. Sin embargo, por usar un ejemplo, en los años ochenta lo normal era que los precios subieran, y mucho. Entre agosto de 1985 y agosto de 1990 la inflación fue mayor a dos millones por ciento.
En su momento, lograr el control de la inflación fue difícil. Una de las reformas clave fue independizar al BCRP de las presiones que puede recibir del Poder Ejecutivo. Lo usual, en los años ochenta, era que, cada vez que el Gobierno central necesitaba dinero para gastar, le pedía al BCRP, que emitía billetes y monedas para ello. Desde 2002 se estableció que el BCRP tendría un objetivo único: la estabilidad monetaria, entendida como una meta anual de 2.5% +/-1%, es decir, entre 1.5% y 3.5%; en 2007 se ajustó la meta a 2% +/-1%. Si revisamos en cualquier economía, la relación entre estabilidad monetaria y crecimiento económico es clara: a menor inflación, mayor crecimiento.
El BCRP es autónomo. Está prohibido de prestarle dinero al Poder Ejecutivo, entregar dinero a entidades de fomento o establecer distintos tipos de cambio. Las tres eran características de la década de los 80 que terminaron en hiperinflación y en una de las peores crisis económicas de nuestra historia. La autonomía le otorga al BCRP libertad para establecer su política monetaria sin presiones del Ejecutivo. Y eso ha sido respetado por todos los presidentes de los últimos 30 años. El compromiso con la estabilidad monetaria y la independencia del Banco Central debe ser asumido por todos. Es una lección de nuestra propia historia económica.