La desinformación es una característica de nuestros tiempos en todos los campos del saber. Las redes sociales permiten que cualquier afirmación se haga creíble y viral. La economía nos enseña que cualquier afirmación debemos contrastarla con la evidencia empírica, pues de lo contrario es solo una opinión, y en ese campo todas son válidas, pero son solo eso, opiniones.
Las redes determinan qué es cierto y qué no. Les creemos. Pero en economía no se cree, sino que, como es una ciencia, hay que analizar, contrastando con la data, si es que tal o cual afirmación es cierta. Esa tendencia a creer en las opiniones ha crecido en los últimos tiempos, no solo en Perú. Se llaman narrativas, que poco a poco van convirtiéndose en verdad, aunque no lo sean. Es la era de la desinformación. Todo se reduce a repetir determinadas ideas y pronto se convierten en tendencia, y todos creen. La verdad ya no importa.
Robert Shiller, premio nobel de economía en 2013, publicó un libro en el que explica el concepto de narrativas, definidas como relatos que se usan para dar una explicación de un acontecimiento o una respuesta a la pregunta de por qué estamos así. Agrega que las narrativas económicas demuestran cómo las historias, populares o académicas, afectan los resultados económicos, incluidas las recesiones, a través de las expectativas. Lo que te dicen y crees determina lo que esperas que ocurra en la vida real. Si todos te dicen que todo está mal, entonces no esperas nada bueno.
¿De dónde viene esa idea y quiénes la propagan? ¿Quiénes nos cuentan las historias de por qué pasa lo que pasa? ¿Por qué las creemos? Ojo, que no todas las ideas tienen que ser falsas. Es real que la inseguridad está frenando la economía, pero el punto de una narrativa no es ese, sino la explicación o los factores causales que explican lo que está pasando. La narrativa te dice por qué pasa lo que pasa, sin que necesariamente sea cierto.
Y eso se vincula con el hecho de que vivimos tiempos de mucha intolerancia en los que todos creen tener la razón en todo. El diálogo casi no existe, sino que predomina el deseo de imponer ideas. Cada uno puede creer lo que quiera, pero en estos tiempos tenemos que contrastar cada idea con los datos para ver si la narrativa es falsa o verdadera. La campaña preelectoral ya ha comenzado y sostengo que lo primero que hay que hacer es informarse.
La economía no es una creencia ni un acto de fe. Si así lo fuera, no habría nada que explicar ni debatir. ¿Cómo explicamos el crecimiento de un poco más de 3% esperado de este 2025 y una cifra similar para 2026?
Primero, hagamos una lista de factores entre aquellos que creemos que son las causas; aquí juega un rol clave la economía mundial. Hagamos un recuento simple: entre 2003 y 2011 la economía peruana creció, en promedio, 6% anual, mientras que China lo hizo en 12% anual. Luego, entre 2012 y 2019 Perú creció 3% anual y China 6% anual. ¿Qué puedo concluir a partir de la data? Que el desempeño chino es fundamental para el Perú. Y todas las proyecciones para este y el siguiente año señalan que el gigante asiático crecerá entre 4% y 5%. Entonces, a menos que se hagan reformas, no será posible un crecimiento mayor que 3% o un poco más, tanto este año como en 2026.
No dejemos que nuestros deseos, por justificados que sean, nos nublen y caigamos en falsas narrativas que suelen proliferar en tiempos preelectorales.