Netflix, cuya oferta parece excluir por principio a los clásicos, ha sorprendido con Lawrence de Arabia, la epopeya histórica que en 1962 protagonizó Peter O’Toole dirigido por David Lean. La cinta dura tres horas y cuarenta y dos minutos, y es un despliegue de poesía visual, de tensión dramática y de profundidad psicológica, con la deslumbrante banda sonora de Maurice Jarre. Como en el caso de El Padrino o Los siete samuráis, el espectador no siente que el filme sea largo, porque está fascinado por las imágenes y por una historia que lo sobrepasa, lo asombra y al mismo tiempo le revela algo íntimo de sí mismo. Naturalmente, esta obra no fue concebida para ser vista en una laptop. Su concepción exige el formato de la pantalla
grande.
Tal vez salirse de las redes sociales no sea la solución para todo el mundo, pero sí es importante, como mínimo, dosificar su uso.
Es una historia increíble y real. Durante la Primera Guerra Mundial el teniente T. E. Lawrence fue enviado a Arabia con la misión de encontrar al hombre que pudiera unir a las muchas tribus que se mataban entre sí. El objetivo era la sublevación contra el Imperio turco. Mas Lawrence, joven arqueólogo que hablaba el árabe, descubrió que los feroces jinetes ignoraban qué era una nación y solo medraban para sí. Descubrió que no seguirían a ninguno de ellos. Descubrió también que, como en los cuentos de Borges, el término de su búsqueda era él mismo. Porque los pueblos del desierto lo reconocieron como El Aurens, lo siguieron a través de masacres y torturas, y lo exaltaron hasta la posibilidad de renunciar al ejército británico y coronarse rey de los árabes.
Es mucho lo que David Lean deja sin contar, pues Lawrence fue una figura excesiva. Un error: la escena de su violación por los turcos es incomprensible para quien no haya leído su testimonio. Luego de que se impusiera el colonialismo inglés y francés, Lawrence renunció a su desierto y a su pueblo, al grado de coronel, al Corán y a la gloria. De incógnito, se enroló en la fuerza aérea. Relató con excelente literatura su epopeya y perdió el manuscrito. Lo reescribió y mereció la admiración que había recibido como guerrero: hoy Los siete pilares de la sabiduría es un clásico moderno. Además, su traducción de la Odisea es acaso la mejor en lengua inglesa. O’Toole entrega un Lawrence heroico, quizá sádico y masoquista, ascético, humillado y triunfante. En la infancia, su madre lo había convencido de que era una basura humana. Su destino estuvo marcado por la sangre, la ambigüedad y el genio.
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