Este verano – que ya pronto termina – nos ha traído una generosa estación lluviosa. La mezcla de las condiciones La Niña en el Pacífico central que han favorecido las lluvias en el sur y centro de la sierra; más las precipitaciones sobre la sierra norte occidental que han sido igualmente importantes, no por La Niña, sino por el calentamiento del mar frente a la costa norte; nos han traído un magnífico resultado en algo que es muy importante para nuestra salud y nuestro desarrollo: el llenado pleno de nuestros reservorios.
El abastecimiento de agua de nuestras ciudades costeras depende en buena medida de nuestros reservorios. El suministro eléctrico, el agua para las irrigaciones, las mitas en los valles y muchas otras actividades están estrechamente vinculadas al llenado pleno de nuestros reservorios.
Ahora bien, es bueno saber qué cosa hay detrás de la construcción de un reservorio para asegurar su llenado y qué planes hay por delante para hacer más reservorios para aprovechar tanta agua que se pierde en el mar.
Son silenciosos, nadie los conoce, pero el Perú les debe mucho; a los hombres y mujeres que a lo largo del tiempo han estudiado minuciosamente cuánta agua de lluvia cae, con qué periodicidad y dónde se la puede contener en cada valle de nuestro país donde se ha construido un reservorio. Ahí todo bien. Pero, ¿Por qué no hacemos más?
La primera razón es la voluntad política. Un reservorio mayor toma muchos años entre su concepción y su ejecución. Una autoridad los planea y otra los inaugura. Nuestra clase política no está mayormente interesada en este tipo de proyectos y tampoco sabe mucho de estos temas.
La regionalización ha vuelto más complejo el tema, pues muchos proyectos o ideas de reservorios que podríamos construir se deben hacer en una región para atender la demanda de otra. Inclusive los conflictos intrarregionales han devenido en un creciente chantaje de parte de las comunidades donde existen hoy reservorios antiguos que se podrían ampliar, pero cuyas exigencias económicas para entregar el agua que se almacena año a año crece astronómicamente. Ello, en perjuicio de los usuarios finales que generalmente son parceleros.
Otro tema mayor es el ambiental. La cantidad de trabas que se ponen para almacenar el agua restan interés a sus impulsores. Lo que obliga a un apoyo político decidido. Pero ello nos devuelve al inicio de esta columna: el desinterés de estos temas por parte de nuestros políticos.
Y así estamos, con muy pocos reservorios nuevos en los primeros 25 años de este siglo. La corrupción impidió terminar Palo Redondo en Chavimochic. Olmos y Poechos, muriendo o por morir.
Una pena.