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LA PÍLDORA ROJA

Mitos que impiden comprender la diversidad - Parte III

“… Porque si la homofobia impone las reglas del diálogo o de cómo debemos organizarnos, la conversación democrática corre el riesgo de volver también al armario”.

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LGTBQ.
"Se habla de una 'agenda o lobby gay' como parte de un supuesto plan encubierto o conspiración global con fines destructivos".
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En las dos primeras partes de esta serie he revisado mitos que sostienen prejuicios que sustentan la discriminación legal y social hacia las personas LGBTIQ+, y en esta tercera entrega continúo con el propósito de desmontar más creencias que se repiten y afectan la conversación pública y la organización para defender los derechos de esta comunidad.

Uno de los hallazgos más inquietantes de un Informe sobre el discurso de odio y orgullo LGTBIQ+, realizado por Llorente y Cuenca (2023), fue la alerta sobre la “vuelta al armario” de la conversación digital. Allí constataron que ante el crecimiento del discurso detractor, es decir, en contra de la diversidad e inclusión, muchas personas del colectivo y, sobre todo, sus aliados comenzaron a retraerse. Esto es, dejaron de expresar públicamente apoyo o celebración. Y hoy son tiempos en los que callar ante el repunte del discurso antiderechos se ha convertido en una posición cómoda; pero si de verdad creemos en una democracia para todos, entonces hablar también es parte del compromiso. Por ello, aquí presento tres mitos más que vale la pena examinar y desmontar:

Quieren imponerse a través de una agenda: este mito aparece con fuerza cuando se debaten leyes, políticas públicas o materiales educativos que buscan inclusión; o sencillamente cuando hay una expresión de apoyo o un taller de sensibilización en instituciones públicas, incluso en empresas privadas. Se habla de una “agenda o lobby gay” como parte de un supuesto plan encubierto o conspiración global con fines destructivos; pero no hay nada más transparente y más legítimo que buscar reconocimiento de derechos e igualdad ante la ley. Es curioso porque la sociedad convive con múltiples agendas y colectivos organizados, pero solo se percibe como peligroso cuando se trata de personas LGBTIQ+ defendiendo sus derechos. Ese criterio selectivo no solo desinforma, sino que también limita el ejercicio del derecho a organizarse para defenderse.

Piden privilegios o derechos especiales: un argumento habitual para desacreditar cualquier avance en materia de inclusión. Lo cierto es que la comunidad LGBTIQ+ no busca tener derechos especiales ni ventajas, sino los mismos derechos y las mismas libertades que todos los seres humanos tienen. Por ejemplo, proteger sus proyectos de vida en común como cualquier familia heterosexual. En el Perú, ese derecho aún no existe, pero cada vez que se señala esa desigualdad, por más que se explique, algunos prefieren sostener el prejuicio antes que revisar sus certezas. Este mito también es perjudicial porque busca silenciar la conversación pública al instalar la idea de que toda demanda LGBTIQ+ es exagerada o aprovechada.

En la democracia se gobierna para la mayoría: parece una obviedad tener que aclarar, pero esta idea común está tan extendida como equivocada, y es muy recurrente en comentarios en redes sociales. Parte de creer que democracia significa seguir solo la voluntad de la mayoría, pero la democracia liberal se sustenta también en límites y garantías precisamente para proteger a las minorías. Este mito justifica postergar derechos con frases como “la sociedad no está lista”, pero la historia de los derechos humanos demuestra lo contrario: si hubiéramos esperado a que las mayorías estuvieran listas, las mujeres no habrían reivindicado el derecho al voto, por ejemplo. Por ello, desmentir este mito no es solo una defensa de la causa LGBTIQ+, es una defensa de la democracia misma.

Finalmente, lo grave de estos mitos no es solo que se repitan, sino que funcionan como señales de que es mejor callar, no incomodar y no exponerse. Por eso, escribir para desmontarlos es también una forma de defender el espacio público como lugar de todos porque, si la homofobia impone las reglas del diálogo o de cómo debemos organizarnos, la conversación democrática corre el riesgo de volver también al armario. Que el Mes del Orgullo sea para hablar más y más sobre diversidad e inclusión.  

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