Salvo algún imprevisto, Chile va a tener un Ejecutivo de derecha (y bien de derecha, no uno converso de última hora, como Alan García, o pasado por agua en sus convicciones y hasta coquetón con la caviarada, tipo PPK y Toledo) para los próximos cuatro años, aunado esto a una sólida mayoría también derechista en sus dos cámaras. ¡Qué envidia tener ese horizonte por delante! Además, uno escuchaba a todos los candidatos presidenciales chilenos y estaban a años luz del 90% de los que tenemos en Perú.
Pero lo que nos debe preocupar a los peruanos con un futuro gobierno de Kast es que este ya anunció que ejecutará en el poder una política trumpiana de deportaciones masivas de inmigrantes extranjeros ilegales, drástica e inmisericorde. Aparte de que eso podría perjudicar a muchos compatriotas que residen allá (los peruanos son la segunda colonia de extranjeros allá, los que en total arañan juntos el 10% de la población), el mayor riesgo desestabilizador que podría surgir para el Perú es que la diáspora venezolana en Chile (que es la primera colonia.
Se calcula que son entre medio millón a 800 mil personas y constituyen casi la mitad de ese 10% ya referido) opte por o no le quede más que mudarse a nuestro país. No creo que se animen a moverse a Bolivia, también afligida por una seria crisis económica, o Argentina, donde también la economía sigue en cuidados intensivos. Con más de un millón y medio de venezolanos ya viviendo en nuestro país y la xenofobia tan palpable en el ambiente (aunque muy lejos de lo fuerte y abierta que es en Chile, donde ha sido uno de los temas de campaña.
Allá se ha desatado una criminalidad inédita), no estamos para una tercera ola de miles de venezolanos entrando por nuestras fronteras. Estoy hablando de un fenómeno que se nos puede venir encima a finales próximo verano (Kast asumiría en marzo), justo cuando la campaña electoral estará en su fase final. Por eso ojalá que Trump eche ya al chavismo y puedan los venezolanos regresar a casa.
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