¿Por qué el Congreso parece condenado al oprobio? Una obvia razón es la escasez de parlamentarios idóneos, algo que ni la ley ni muchos electores contemplan. Por otro lado, es una institución ineficiente, burocrática, poco transparente y anticuada. Y requiere que hablemos no solo de reformas urgentes como la bicameralidad, la reelección y la renovación por mitades, sino también de su funcionamiento y reglamento interno; de los conflictos de interés en la Comisión de Ética y la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, que hacen imposible limpiar la casa; de los criterios con los que bancadas reparten comisiones a congresistas incompetentes, regalando cargos y poder a asesores por los que nadie votó; o de los altos niveles de clientelismo y copamiento con los que conviven mesas directivas, cuyos miembros cada año se reparten áreas técnicas de la institución, politizándola y desestabilizándola.