Esa sensación de abandono de la mayoría de los peruanos es el resultado de un Estado fallido que no es capaz de entregar servicios básicos, como salud, educación o seguridad ciudadana, a pesar de contar con recursos para hacerlo. Un Estado que, además, no es capaz de ejecutar los grandes proyectos para mejorar el país y que tampoco facilita que las personas y las empresas de todo tamaño progresen.