El uso de hierbas en medicina data de la época de Hipócrates cuando el tratamiento se basaba en balancear los humores para controlar las enfermedades. Hoy sigue vigente la medicina tradicional herbolaria, a pesar de la falta de evidencia científica en ella.
Cuando la medicina basada en evidencia falla, es el momento en el cual el paciente voltea en busca de soluciones en la medicina alternativa. Esto es completamente entendible y lo vemos con mayor frecuencia en los pacientes que desarrollan cáncer. Infusiones de muérdago se han vuelto muy populares recientemente. Si se quiere intentar, debe ser como tratamiento de adición a la quimioterapia, la cual, aunque muy desagradable, es la única que ha demostrado eficacia al momento.
El mismo fenómeno se da en los pacientes que viven con migraña. Buscan ese nuevo tratamiento que, cual varita mágica, les quite tantos días de sufrimiento. Estos pacientes no son ajenos a la búsqueda de cualquier solución que ayude.
Existen algunas hierbas que tienen algún efecto en la prevención de los episodios de migraña. Una de ellas es la petasita. Dos estudios clínicos han demostrado que la petasita, tomada dos veces al día, puede reducir la frecuencia de las migrañas cuando se toma durante varios meses. Este producto está aprobado por la FDA, pero, al ser una hierba, no se le exigen los estudios rigurosos que sí les exigen a las medicinas. Es muy importante saber que solo debe consumirse en formas purificadas, para garantizar la seguridad. De no hacerlo, los elementos tóxicos de la planta pueden ser hepatotóxicos. El producto aprobado es Petadolex®.
Al jengibre y la cúrcuma se les achacan propiedades antiinflamatorias y son usados para dolor en artrosis de las articulaciones con relativo éxito. Con el aceite de menta frotado en las sienes ocurre lo mismo. Este proporciona sensación de alivio en algunos pacientes. Aún no se ha demostrado su eficacia en migraña.
Muy usado por la medicina funcional son las infusiones endovenosas de vitamina C. Linus Pauling, premio nobel de Química en 1954, fue el precursor del uso de la vitamina C. Cuantas dosis propuso como eficaces tantos otros estudios científicos demostraron que no funcionaban. ¡Pero era un premio nobel el que lo decía!
Al día de hoy, a pesar de su uso difundido y algunos “artículos científicos” al respecto, no se ha demostrado su eficacia en migraña o cáncer, al menos.