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EL PELIGROSO ARTE DE LEER

¿Quién decide qué es literatura?

“Hace treinta años el lector común podía no haber leído a Homero o a Dante, pero sus referentes eran García Márquez…”.

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Columna por Camilo Torres.
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Las obras literarias, enseña Yuri Lotman, nunca son un conjunto amorfo. Antes bien, configuran un sistema de jerarquías. En la cúspide están los textos que dictaminan las reglas del juego, los metatextos, que son producidos por ciertas instituciones (universidades, etcétera) y personas (escritores, críticos). Su poderosa voz decide qué es literatura y qué no lo es, y también qué literatura es superior, o debe ser consumida por el respetable. Hace siete años, Mateo Díaz, poeta y doctor en Literatura, formuló un lúcido juicio: las universidades han renunciado a juzgar las obras y prefieren ser “trincheras del mundo académico”, anticapitalistas. Por ello, en un irónico desenlace, han entregado la autoridad de juzgar al capitalismo, el cual termina decidiendo qué le debemos comprar. Sí, incoherente. Y así hoy son pocas las voces que hacen crítica responsable.

Pero tampoco los metatextos académicos son confiables. En 1922 César Vallejo pudo decir de Trilce que “el libro ha nacido en el mayor vacío”. El sentido común de entonces establecía que varios versificadores de moda eran poetas de calidad y Vallejo era un insufrible mediocre. Del mismo modo, dentro de veinte años los jóvenes podrán asombrarse de que hoy compremos libros que nada significarán mañana, como nada significan para nosotros los desvanecidos contemporáneos de Vallejo que fueron admirados por la crítica y hoy son una legión de fantasmas. El rimbombante Chocano, por ejemplo, fue “poeta laureado” y solicitaron su amistad desde Pancho Villa hasta Woodrow Wilson. Vallejo, claro, partió hacia Francia y jamás volvió.

Hace treinta años el lector común podía no haber leído a Homero o a Dante, pero sus referentes eran García Márquez, Cortázar o Marguerite Yourcenar; hoy se resigna a las veleidades del mercado. No hay elitismo en estas líneas. El propio José Carlos Mariátegui pedía luchar por el pan y la belleza, y quería que todos pudieran acceder a las mejores creaciones; no que el nivel del arte descendiera. Recordemos que los Siete ensayos tienen un epígrafe de Nietzsche en alemán. Una cosa es cierta: resulta saludable reflexionar de vez en cuando sobre quiénes forman el metatexto en el cual vivimos, qué intereses tienen y cuál es su concepción del arte, si tienen alguna. Tal vez descubriremos que hay mejores libros que los que nos ofrecen los influencers y mejores razones para leerlos.