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Sorpresa al sur

"Muchos en Argentina perciben el rescate estadounidense como una nueva forma de dependencia. (…) En un país con una larga tradición de tensiones con Washington, el alineamiento total con Estados Unidos genera tanto esperanza como recelo”. 

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(MIDJOURNEY/PERÚ21)
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La victoria de Javier Milei en las elecciones legislativas del pasado domingo en Argentina sorprendió al mundo y desafió las predicciones de la mayoría de las encuestadoras. Tras casi dos años de gobierno, el autodenominado anarcocapitalista consiguió revertir la tendencia que lo había castigado en las elecciones provinciales de Buenos Aires de hace solo unas semanas y logró un resultado histórico. Con el 40.8% de los votos, La Libertad Avanza —partido de Milei— superó al peronismo de Fuerza Patria (31.7%) y se quedó con el control efectivo del Congreso al sumar fuerzas con el PRO del expresidente Mauricio Macri.  

El triunfo tiene múltiples lecturas. La primera es obvia: Milei sale fortalecido y recupera iniciativa. Su gobierno, golpeado por la recesión, recientes denuncias de corrupción y el desgaste social producido por recortes del gasto de gobierno, obtiene un respiro político inesperado. La segunda, más profunda: la sociedad argentina parece haber optado por darle continuidad a un experimento que prometía dinamitar el Estado y que, en medio del caos, logró controlar la inflación y alcanzar cifras que entusiasman a los mercados.

La ayuda de Donald Trump, quien anunció un rescate de 40,000 millones de dólares y lo condicionó abiertamente al triunfo del presidente argentino, añadió un componente insólito a la contienda. Nunca antes una elección argentina había estado tan explícitamente influida por un mandatario extranjero. Para unos, fue una injerencia inaceptable; para otros, una muestra de respaldo a la nueva Argentina “libertaria”. Milei lo celebró como “un hecho sin precedentes en la historia mundial”, y los mercados lo avalaron: el índice bursátil argentino Merval registró la mayor suba en tres décadas.

Sin embargo, el éxito electoral y financiero convive con una calle golpeada. Las necesarias y largamente postergadas políticas de ajuste fiscal —recortes presupuestales, despidos, congelamiento de obras y servicios— redujeron la inflación del 200% anual al 30%, pero también tuvieron un impacto muy significativo en los niveles de empleo. Se estima que unos 250,000 argentinos perdieron su trabajo y unas 18,000 empresas cerraron sus puertas.  

Mientras esto sucede en la economía, el mandatario argentino ha venido lidiando con diversos escándalos. Por ejemplo, el del uso de su cargo para promover la compra de la cuestionada criptomoneda $LIBRA, las denuncias contra su hermana Karina —pieza clave en la administración Milei— y el retiro del candidato de su partido a la provincia de Buenos Aires por acusaciones de recibir fondos del narcotráfico han desgastado su imagen. Aun así, el presidente logró presentarse como víctima, transformando los baches en armas de su discurso antisistema.

El apoyo de Trump también tiene su contracara. Muchos en Argentina perciben el rescate estadounidense como una nueva forma de dependencia. Otros se preguntan qué cederá Milei a cambio. En un país con una larga tradición de tensiones con Washington, el alineamiento total con Estados Unidos genera tanto esperanza como recelo.

El resultado electoral deja un escenario inédito: con el apoyo de los votos del PRO, el oficialismo supera a la oposición peronista, pero no alcanza la mayoría necesaria para imponer reformas estructurales. Deberá negociar con actores políticos moderados, un arte que Milei hasta ahora ha despreciado. Gobernar solo le permitió mantener su identidad, pero podría volverlo insostenible.

Es también de notar que la participación, del 68% de electores, fue la más baja desde 1983. El desencanto, más que la adhesión, parece marcar el pulso de la política argentina. En ese contexto, el presidente se autoproclamó “rey de un mundo perdido” y prometió “construir una gran Argentina”. Metáforas que revelan un gran desafío: transformar un proyecto personalista en un horizonte colectivo.

La victoria de Milei es un nuevo voto de confianza a un programa liberal, que los argentinos dan a pesar de los estragos que pueden estar sufriendo en su cotidianidad como consecuencia de los ajustes de la administración. Un hito remarcable que parece indicar que aquella larga tradición peronista de Estado proveedor está más debilitada que nunca. Bien por Argentina.