En tiempos donde lo urgente a menudo desplaza lo esencial, volver la mirada a Juana Alarco de Dammert es volver al origen del compromiso social verdadero. Su ejemplo es una invitación permanente a no mirar hacia otro lado, a no olvidar que cada niño y cada niña que sufre, es también responsabilidad nuestra. Porque como ella misma demostró, cambiar el país puede comenzar con una cuna, un aula o una decisión.
La filántropa y educadora emblemática del Perú, fue homenajeada de manera póstuma por la Municipalidad Metropolitana de Lima.
Considerada la madre de la asistencia social en el país, este sábado en el parque que lleva su nombre y donde se erige un monumento en su memoria, la Municipalidad de Lima realizó un merecido reconocimiento para la fundadora del Hospital del Niño —hoy Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN)—.
El acto contó con la presencia de sus descendientes, entre ellos su bisnieto y representante, el Sr. Adolfo Dammert, quien destacó la vigencia de los valores y la vocación de servicio de su antecesora. En representación del alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, participó el Sr. Leo Miguel De Paz Lancho.
El reconocimiento fue recibido por su bisnieto, Adolfo Dammert Ludowieg, presidente de la Liga Contra el Cáncer, quien recordó la dedicación de su bisabuela para transformar la vida de los niños más vulnerables.
Merecido homenaje a Juana Alarco de Dammert: el corazón que no dejó solos a los niños del Perú.
Durante la ceremonia, el director general del INSN, Dr. Carlos Urbano Durand, expresó su agradecimiento a la familia de Juana Alarco de Dammert y resaltó la importancia de su legado en la salud y educación infantil.
Este homenaje reafirma el impacto de su trabajo en la sociedad peruana y la necesidad de continuar con su misión de apoyo a la niñez.
Jorge Basadre, en su obra Historia de la República del Perú (1822–1933), reconoce a Juana Alarco de Dammert como una figura destacada en la historia social del país. Basadre destaca su contribución clave en la asistencia infantil peruana.
A propósito del Día de la Madre, recordamos el trabajo de esta emblemática mujer que nació el 27 de mayo de 1842 y murió el 2 de agosto de 1932.
Homenajear a Juana Alarco de Dammert no es solo recordar a una benefactora del pasado. Es reconocer que en un país marcado por desigualdades, hay personas que supieron anteponer el bien común al interés personal. Foto: Composición de Perú21
¿Quién fue Juana Alarco de Dammert?
Hablar de Juana Alarco de Dammert es recordar a una mujer que supo transformar el privilegio en servicio, y el dolor social en acción concreta. Nacida en Lima en 1842, en una época en la que pocas mujeres accedían a la educación formal, Juana rompió moldes desde joven. Estudió en Europa, aprendió de medicina por voluntad propia y regresó al Perú con un sentido de misión que marcaría la historia del país: cuidar a los más vulnerables, especialmente a la infancia.
Durante la Guerra con Chile (1879–1884), Juana se convirtió en una figura clave del socorro civil. Sin miedo ni protagonismo, organizó hospitales de campaña, recolectó donaciones y lideró redes de ayuda para los heridos. No era enfermera ni militar, pero su presencia era vital. A diferencia de otros personajes públicos, su labor no era visible por los discursos, sino por las acciones. De hecho, fue llamada “la madre de los pobres” porque no se detuvo ni cuando acabó el conflicto: su compromiso se volvió permanente.
En 1894 fundó la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, desde la cual creó y financió las primeras escuelas maternales del país. En ellas no solo se ofrecía instrucción, sino también alimentación, ropa, afecto y atención médica a niños en situación de abandono. Lo revolucionario del gesto era que Juana comprendía que el bienestar de un niño no podía separarse del entorno que lo rodeaba. Fue pionera en una mirada integral de la niñez en el Perú, mucho antes de que existieran políticas públicas formales en ese campo.
No buscaba reconocimiento
Usó su influencia social para reunir fondos, construir instituciones y formar voluntarias. Su casa fue centro de gestión, refugio y logística. Supo convocar a mujeres de distintas clases sociales para organizar comités solidarios, en una Lima donde el machismo y la desigualdad eran norma. Sin declararse feminista, practicó el liderazgo femenino con una naturalidad que hoy resulta visionaria.
A lo largo de su vida, Juana enfrentó resistencias, indiferencia y hasta críticas, pero nunca renunció a su causa. Su trabajo fue tan sostenido y transformador que, incluso tras su muerte en 1932, varias de las instituciones que fundó siguieron funcionando. Su legado fue tan sólido que décadas más tarde, muchas escuelas y hospitales llevarían su nombre, y generaciones de peruanos reconocerían en ella a una figura de entrega desinteresada.
Homenajear a Juana Alarco de Dammert no es solo recordar a una benefactora del pasado. Es reconocer que en un país marcado por desigualdades, hay personas que supieron anteponer el bien común al interés personal. Su vida nos recuerda que la compasión activa es una forma de ciudadanía. Que el amor por el Perú puede expresarse en actos silenciosos pero profundos, y que la infancia no necesita discursos, sino defensa concreta.
Aprovecha la NUEVA EXPERIENCIA, recibe por correo y por Whatsapp nuestro periódico digital enriquecido. Perú21 ePaper.
¡Ahora disponible en Yape! Búscanos en YAPE Promos.
VIDEO RECOMENDADO: