La tarde transcurría con normalidad en Ciudadela Noé, en Tumbes, cuando un trámite rutinario se convirtió en un hecho irreversible.
Milagros Zelada Silva, de 39 años, salió a la puerta de su vivienda para cancelar una pequeña deuda pendiente. Apenas unos minutos después, su familia la vería debatirse entre la vida y la muerte.
Inspirado en el antiguo CEPA, el candidato presidencial de Renovación Popular precisó que estas colonias estarían aisladas de las ciudades y se basaría en disciplina estricta.
Según los testigos, Milagros mantenía una conversación con un prestamista informal del sistema financiero ilegal conocido como 'gota a gota'. De forma repentina, dos sicarios en motocicleta se detuvieron frente al inmueble. No mediaron palabras ni advertencias: levantaron las armas y dispararon directamente contra el cobrador, sin importar que la mujer se encontraba a escasos centímetros.
CLAMAN JUSTICIA
El ataque desató el caos. Los vecinos escucharon una detonación seca, seguida de gritos. “La bala reventó como una bomba”, relató entre lágrimas Rosa Silva, madre de la víctima, quien presenció parte de la escena y vio cómo su hija se desplomó tras recibir un impacto de bala en el vientre.
El prestamista informal logró correr y refugiarse en una casa cercana, escapando por segundos de la muerte. Pero Milagros cayó al suelo gravemente herida, mientras los sicarios emprendieron huida inmediata en dirección desconocida.
Los vecinos, desesperados, la trasladaron de urgencia al Hospital Regional de Tumbes, donde solo se pudo confirmar su fallecimiento. La impotencia y el dolor se mezclaron con reclamos de la familia, que cuestionó la rapidez de la atención médica.
“Yo exijo justicia para mis nietos”, clamó la madre de Milagros, aferrada al último recuerdo de su hija mientras el cuerpo era llevado a la morgue.
SOSTENÍA SU HOGAR
Milagros Zelada era dueña de una pequeña bodega, un negocio familiar que levantó con esfuerzo para mantener a sus cuatro hijos. Vecinos la describen como una mujer incansable, que empezaba a trabajar antes del amanecer y cerraba solo cuando la última venta estaba hecha.
Su muerte dejó no solo una familia desgarrada, sino también un profundo vacío en una comunidad que la consideraba parte de su vida cotidiana.
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