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Isla Santa Rosa, la tierra del olvido

Un pueblo ubicado en el rincón del Perú, abandonado a su suerte, es la más grande demostración de amor al país. Pese a la precariedad y la indiferencia de las autoridades, no dudan en expresar su orgullo por ser peruanos. Ahora, medio siglo después, empiezan a ver los primeros vestigios de desarrollo y todo ‘gracias’ al presidente colombiano, quien pretendiendo generar un conflicto, consiguió todo lo contrario.

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Amanecer. El muelle de Santa Rosa deja ver su precariedad y limitaciones desde la primera luz del día. Pero eso no detiene el necesario intercambio comercial en la triple frontera amazónica. (Perú21)
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Wilmer es un transportista fluvial en la Amazonía que no es muy diferente a los de carretera en una ciudad. A sus 50 años, vive del día a día, sin sueldo fijo, sin seguro de salud, y pasa la mayor parte del tiempo en su vehículo: un bote de madera que se desliza a motor. Siendo de Iquitos, eligió trabajar en la frontera, en la isla Santa Rosa, que es bien peruana, pero que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, por conveniencia política, se resiste a reconocerla como tal.

Sin embargo, para el humilde emprendedor, el conflictivo pronunciamiento del gobernante, el pasado 7 de agosto, fue lo mejor que le pudo pasar al olvidado y precario, aunque pujante, pueblo loretano que ahora es su hogar.

“Aquí los peruanos se han dado cuenta de que Petro ha hecho un bien, para que las autoridades vengan desde Lima y aparecer así en el mapa”, dice Wilmer a Perú21, emocionado y un poco nervioso por la entrevista mientras se le dibuja una sonrisa.

Su trabajo consiste en transportar pasajeros y mercadería de Santa Rosa a Leticia, en Colombia, y a Tabatinga, en Brasil. Por S/10 cruza en cinco minutos el majestuoso río Amazonas; viajes cortos que también significan un cambio radical de realidad.

En la isla peruana, que acoge a tres mil habitantes, las embarcaciones se acomodan como pueden en la orilla, mientras que un pequeño muelle está reservado para las lanchas que llegan de Caballococha, a dos horas y media del lugar, o de Iquitos, que está a 19 horas.

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Un sol inclemente ilumina el distrito loretano que vive del comercio con Leticia y Tabatinga. (Perú21)

La única vía pavimentada es compartida por mototaxis y personas, que no tienen vereda para caminar; y las casas de madera se erigen entre la maleza.

Hay un colegio y un centro médico que apenas tiene electricidad y que no cuenta con los equipos necesarios para atender emergencias.

Leticia y Tabatinga, por su lado, tienen puertos instalados y preparados para recibir visitas. Son la entrada a ciudades que muestran un evidente desarrollo, con tiendas comerciales, mercados, pistas, veredas, hospitales, escuelas e infraestructura. Son cosas que no se encuentran en la abandonada Santa Rosa.

Otilia, por ejemplo, debe cruzar diariamente el río para comprar alimentos en territorio extranjero. Su negocio, un puesto de comida a orillas del Amazonas, así se lo exige.

“Nosotros tenemos que ir a Leticia o a Tabatinga para comprar porque en ambos lugares hay mercado, acá no tenemos”, manifiesta. En Santa Rosa lo básico escasea.

No hay agua potable ni desagüe. “Apenas tenemos dos horas de agua al día y solo en las mañanas”, se lamenta Otilia, quien junto a su familia y paisanos deben soportar un inclemente sol que sofoca y quema.

Sobre Petro, que reclama la soberanía de la isla, dice que los santarrosinos no tienen la culpa de que el río se esté secando.

La corriente que baña la triple frontera, y que es la principal vía de comunicación con el exterior, está desapareciendo porque el Amazonas está cambiando su cauce.

La isla Santa Rosa está ganando más terreno al río y eso se nota en el relieve reseco que está a plena vista. La naturaleza gobierna a su modo en esta zona.

De suceder, solo Leticia sería perjudicada porque se quedaría sin salida fluvial. Ahí la protesta desmedida de Petro, porque desde su país a la ciudad fronteriza solo se puede llegar en avión.

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Relieve. La isla gana cada vez más terreno al río Amazonas, que cambia su cauce de manera natural. (Perú21)

Peruanos pese a todo

Jorge García cuenta con satisfacción que defendió al Perú, a su tierra y a su gente. A mediados de agosto, mientras navegaba en su embarcación, advirtió que un grupo de personas huía en un bote después de izar la bandera de Colombia en Santa Rosa.

Luego, el candidato colombiano Daniel Quintero mostró en sus redes sociales que fue él quien realizó tamaña insolencia.

Mientras conduce hasta el lugar, Jorge recuerda con indignación que llegó a gritar a los invasores y que en lugar de seguirlos optó por otra acción, una más patriótica: levantar la bandera peruana donde Quintero hizo show.

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Sangre roja y blanca. Jorge muestra con orgullo la bandera que izó luego de que el candidato colombiano invadiera la zona. (Perú21)

“Todos los que vivimos en Santa Rosa nos sentimos peruanos, así hayamos sido abandonados. Doy gracias a Petro porque de esa manera (con su discurso) el Gobierno nos puso el ojo”, exclama. Infla el pecho, toca el mástil y mira con orgullo la bandera, y sus colores rojo y blanco, que flamea.

Por estos días, las calles de Santa Rosa celebran la peruanidad. Banderas peruanas flamean en la plaza de Armas y las viviendas. En una pared se lee: “Yo no elegí nacer en el Perú, simplemente tuve mucha suerte”, y los vecinos aseguran ser tan peruanos como la papa.

“Somos peruanos porque somos hijos de esta tierra. Yo he nacido aquí, somos fieles guardianes de esta frontera”, señala Max Ortiz, el alcalde encargado de Santa Rosa.

La isla emergió del río Amazonas por el lado peruano hace más de medio siglo. Sus primeros inquilinos vivieron en caseríos, para después conformar un centro poblado.

Recién hace un mes, Santa Rosa se convirtió en distrito, dentro de la provincia Mariscal Ramón Castilla por disposición del Congreso. No cuenta con presupuesto directo y en 2026 sus habitantes podrán elegir por primera vez a su autoridad edil.

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(Perú21)

Tras las declaraciones de Gustavo Petro, la presidenta Dina Boluarte acudió al pequeño poblado y prometió llevar desarrollo. Según Ortiz, este mismo año deberían notarse mejoras en salud, educación y saneamiento básico.

Ayer, por el 51 aniversario de creación política de Santa Rosa, el premier Eduardo Arana y sus ministros regresaron al lugar para hacer más promesas.

Arana anunció que se fundará un mercado flotante, que el único colegio tendrá computadoras e Internet, que se edificará un nuevo centro de salud y que se levantará una torre de control en Caballococha, justo en el límite con Colombia, para resguardar el territorio peruano.

Hasta que eso pase los santarrosinos seguirán padeciendo de carencias, pero nadie podrá cuestionar o poner en duda su amor por el país, que a todas luces es más grande que sus problemas.